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Edgardo Antonio Vigo, redes de una poesía global

Artes Visuales

Xilografías, revistas, libros de artista. Esculturas, acciones, ensayos y publicaciones. Señalamientos, cartas, artefactos. Poesía, objetos (“cosas”), pequeñas revoluciones y grandiosas trivialidades. Edgardo Antonio Vigo fue un artista tan prolífico como paradigmático. Pionero en las vanguardias artísticas de Argentina y América Latina, fue un productor de lenguajes y significaciones que arrojó luz desde las grandes injusticias sociales hasta la más relevante nimiedad de la vida cotidiana.

Vigo nació en La Plata, Argentina, y allí transitó gran parte de sus cuarenta años de trayectoria artística. Su obra posee incontables aristas que apuntaron a la escultura, la poesía y el arte gráfico, fusionando las posibilidades de la impresión, la reproductibilidad técnica, el correo, la comunicación y las experimentaciones del lenguaje.

Tras egresar como profesor de Dibujo en 1953 en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, la producción de Vigo es influenciada por las investigaciones de artistas cinéticos venezolanos como Jesús Rafael Soto, y por las vanguardias de mediados del siglo XX. Así nacen sus primeras poesías visuales, poemas matemáticos y sus máquinas “inútiles e imposibles”, algunas de las cuales forman parte de la exhibición Qué cosa, la poesía visual? en el Centro Cultural Kirchner, que reúne una selección de obras históricas y contemporáneas en las que se exploran de manera experimental las posibilidades visuales y sonoras del lenguaje y las palabras.

En la década de 1960 Vigo continúa su producción de objetos y esculturas, marcados por una crítica al arte como institución y al modelo de público heredados de la modernidad (pasivo, contemplador, distante, espectador de una obra cerrada y terminada a la que debía interpretar según un significado dado por el artista). A su vez, construyó con el grabado una serie de herramientas de producción experimental, artística y poética, que se materializó y difundió en tiradas de distintas revistas, como WC –nombrada por el emblemático mingitorio duchampiano que revolucionó el mundo del arte, evidenciando vínculos con el dadaísmo– y, posteriormente, Diagonal Cero, que fuera inauguradora de un nuevo universo de posibilidades poéticas y conceptuales.

Diagonal Cero concentró la difusión y conceptualización crítica de las prácticas de la entonces nombrada “nueva poesía”. En ella, Vigo expresa un carácter lúdico y experimental en el uso de letras, número y símbolos como elementos visuales, prescindiendo de su significado convencional: un cero ya no es un carácter matemático sino un círculo, un encierro; una letra es un acto plástico; y un agujero calado en el papel es un encuadre pictórico a libre elección de su usuario.

Estos ejemplares, que oscilaban entre la revista trimestral y el libro de artista, estaban conformando un círculo de artistas visuales y poetas con las mismas preocupaciones artísticas y conceptuales. El Movimiento Diagonal Cero, integrado por el propio Vigo, Jorge de Luján Gutiérrez, Omar Gancedo, Carlos Ginzburg y Luis Pazos, se encargó de crear nuevos lenguajes e indagaciones con la comunicación para producir información nueva y distintos modos de circulación, problematizando el lenguaje hegemónico y la sociedad que lo sustenta.

Así, esta tirada gráfica definida por Vigo como una cosa trimestral y un receptáculo de hojas sueltas se consolida como un espacio de intercambio de ideas y producciones que construyó una serie de redes, envíos y retornos, con artistas y aficionados de todo el mundo.

Vigo creó en 1967 el Museo de la Xilografía, un excéntrico acervo de xilografías que itineraban en valijas de madera por colegios, clubes y otros espacios, incluso la vía pública. Cuestionando el elitismo en el arte, sus espacios consagrados, su circulación en un público selecto y principalmente democratizando el acceso de las masas, estas pequeñas exposiciones de rápido montaje en una muestra ambulante reforzaban la labor cultural del artista en torno a la descentralización y difusión de las posibilidades artísticas contemporáneas.

El contacto con artistas y actores del mundo de la poesía visual a nivel global confluyó, en 1969, al pedido del director del Instituto Di Tella, Jorge Romero Brest, de seleccionar a Vigo como organizador de la Expo Internacional de Novísima Poesía ’69, en la que se reúnen todas aquellas experiencias provenientes de la entonces llamada “nueva poesía”, tendencias y producciones contemporáneas como la poesía concreta, visual y sonora, la poesía semiótica y cinética, el “poema-processo” brasileño, la poesía de acción y “para y/o a realizar”, entre muchos otros procesos artísticos que indagaban en el lenguaje más allá de lo instalado.

La exhibición estuvo conformada por más de 150 obras realizadas por 132 artistas de 15 países. Desde libros y revistas hasta afiches y objetos, pasando por audiciones de poesía fónica e instalaciones participativas, fueron parte de una exposición que se autodefinió como la manifestación de la voluntad subversiva del lenguaje poético, la liberación de la palabra, su exploración como materialidad visual y fonética que desborda el texto y las páginas. La Expo ’69  sentó un precedente, y hoy muchas de las obras que la conformaron se reencuentran con el público a través de la muestra alojada en el sexto piso del Centro Cultural Kirchner.

En la década de 1970 las intersecciones entre vanguardia artística y política se tensionan, y allí nace la revista Hexágono ‘71, dedicada a la publicación de poesías visuales, historietas, propuestas para acciones y otras creaciones que eran difundidas no solo en la ciudad de La Plata, sino en todos los destinatarios de la amplia red que Vigo construía. Es en este marco que el artista realiza algunas de las obras expuestas en Qué cosa, la poesía visual?, como Poema matemático censurado y Soluciones económicas ofrecidas por el “systema” al pueblo. Esta última es un sobre que tiene impreso un arma de fuego apuntando al frente, con la inscripción que le da nombre escrita a su lado. En ella, el uso de la y en la palabra “systema” alude al inglés (“system”), castellanizando para señalar a los responsables de ese sistema impuesto. Dentro del sobre hay tres tarjetas de juego: la lotería, el hipódromo y el Prode, intervenidas irónicamente para señalar que solo la suerte o el azar podrían salvar al pueblo.

Siguiendo la tendencia del artista a la vanguardia y la experimentación, Hexágono ’71 no acataba las pautas establecidas para una revista convencional: al contener obras de Vigo y de otros artistas, podían –y a veces debían– ser manipuladas, funcionando así como un museo alternativo y transportable o como una galería deslocalizada.

En 1976, pocos meses después del inicio de la dictadura cívico-militar-eclesiástica, su hijo Abel Luis (“Palomo”) es desaparecido. El despertar político de Vigo se radicaliza con su búsqueda, las producciones artísticas que antes se centraban mayoritariamente en investigaciones formales o experimentales dan un giro a una demanda de carácter social y político explícita: Aparición con vida de los desaparecidos. Fin al Terrorismo de Estado.

El circuito de arte-correo que estaba construyéndose y creciendo desde la década de 1950 fue una plataforma que Vigo utilizó para denunciar el plan sistemático de desaparición, tortura y exterminio implementado por el régimen de facto. Sobres, estampillas y sellos enviados a una red de contactos internacional formaban parte de una estrategia de resistencia político-poética a través de íconos y frases que debían ser decodificadas por lxs destinatarixs de las cartas. Se constituyó como un canal de comunicación para un intercambio de obras interpersonal, anticomercial y principalmente crítico frente al devenir político de cada país de origen de los artecorreístas, a las instituciones artísticas y a los medios masivos.

Desde entonces, y hasta su fallecimiento en 1997, Vigo centró su obra fundamentalmente en el arte correo, expandiendo esta red horizontal, global y descentralizada de producciones artísticas experimentales y de vanguardia, teñidas de un fuerte contenido social. En donde fue su taller de artista hoy funciona el Centro de Arte Experimental Vigo, que continúa su labor de promoción y difusión de un arte del pueblo, para el pueblo, como una práctica de transformación social.

Las expansiones de las nociones de arte y de obra de arte que resultaron de las operaciones creadas por Vigo hacen eco en la actualidad y seguirán siendo hitos históricos de un arte local e internacional alternativo. En las formas contemporáneas de exhibición, en el arte callejero y en las prácticas artísticas comunitarias persisten esos gestos fundacionales que se encargaron de promover redes culturales globales, inaugurar nuevos modos de conectar con las materialidades, construir poéticas nuevas en torno a lo político y, sobre todo, cuestionar lo dado.


La exhibición Qué cosa, la poesía visual?, en la que actualmente pueden verse obras de Edgardo Antonio Vigo, puede visitarse hasta el 20 de octubre, de miércoles a domingos, de 14 a 20 h, en el sexto piso.

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