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¿La tecnología al servicio de la sociedad o la sociedad al servicio de la tecnocracia?

Debates, Noticias, Proyecto Ballena

El domingo 21 de mayo se realizó en el Centro Cultural Kirchner el encuentro Inteligencia artificial: vida, trabajo y conocimiento bajo el capitalismo computacional”. En el marco del Festival Democracia e Imaginación Política en América Latina, la charla moderada por el filósofo Diego Lawler contó con la participación de Mariano Zukerfeld, Sofía Scasserra y Gabriel Baum.


El sociólogo, cientista político e investigador Mariano Zukerfeld abrió la conversación con algunas nociones básicas sobre el capitalismo computacional: “El capitalismo computacional o digital implica un cambio en las formas de juego y de entender el mundo”. “Luego de las etapas del capitalismo mercantil y el capitalismo industrial vino esta tercera etapa del capitalismo digital, cuya primera fase tuvo que ver con las redes e internet; y desde 2005 entra lo que algunos llaman fase de las plataformas, uno de cuyos elementos distintivos es el conjunto de tecnologías que hoy denominamos inteligencia artificial”, detalló.

Por su parte, la economista e investigadora Sofía Scasserra, asesora del Movimiento Sindical Internacional, afirmó que “esta nueva industria digital genera los mismos patrones de subdesarrollo de las otras industrias: tenemos programadores que producen líneas de código para la industria digital, y eso vuelve ‘enlatado’ en forma de distintas plataformas y dispositivos”. “O sea que este capitalismo computacional ofrece novedades, pero muchos patrones se siguen repitiendo”, insistió.

El investigador e informático Gabriel Baum sostuvo que “las nuevas tecnologías y la automatización que nace en los años 80 exacerban desigualdades y bajan salarios porque nuestros gobiernos han sido dóciles, los empresarios fueron socios menores o representantes de los gringos y los académicos han seguido las líneas que bajan los grandes centros de investigación”. “Seguimos siendo colonia, porque las líneas de código se transforman en capital en las metrópolis y vuelven acá envasadas en teléfonos celulares, servicios, nubes y cosas por el estilo”, remarcó.

Lxs panelistas también analizaron el funcionamiento de los algoritmos en la actualidad. Según Scasserra, “los algoritmos están hechos con una lógica positivista, que asume la existencia de un resultado único, exacto y perfecto, definido por un algoritmo que tiene información perfecta para juzgar y decidir lo que es correcto para cada uno de nosotros. Y esto es netamente ideológico, porque está demostrado a nivel matemático que no es así, a través de la teoría de los juegos”. “Los algoritmos profundizan de esta manera un sistema liberal que busca extraer la mayor cantidad de valor posible de los trabajadores”, argumentó.

Al respecto, agregó: “Los algoritmos están cambiando las relaciones de trabajo de punta a punta: a la hora de encontrar un empleo, de obtenerlo, de asignar tareas, de utilizar las métricas que juzgan a los trabajadores”. “Los chicos que trabajan en plataformas como PedidosYa no saben cuáles son las reglas de juego, los horarios ni las sanciones. Todo es a prueba y error. Esto es adrede, beneficia al empleador que –bajo el velo del algoritmo– esconde la responsabilidad que le cabe, porque quien decide no es el algoritmo, sino el programador que trabaja bajo las riendas del que define qué hace o deja de hacer ese algoritmo”, sintetizó.

Baum dio algunas pistas sobre el origen del problema, al parafrasear un artículo del director de Economía digital de la Universidad de Stanford en Estados Unidos, Eric Bjornson: “Dice que los investigadores que construyeron esta forma de inteligencia artificial lo hicieron buscando resolver el Test de Turing, según el cual se llama ‘inteligente’ a la computadora que logra conversar con un humano sin que se pueda distinguir que esa computadora no es una persona real”. “Atrás de ese objetivo pasaron generaciones de investigadores, y ese es precisamente el problema: querer reproducir la inteligencia humana solo puede llevar a reemplazar humanos por máquinas”, indicó.

Seguidamente, dijo que “la IA podría ser diferente y ser una revolución, podría generar un salto en la productividad si lo que se buscara fuera empoderar a los trabajadores. Pero lo que hace esta IA es inclinar la balanza para el lado del capital, como dijo Sofía”. “La pregunta es si se va a impulsar el desarrollo de la IA para aumentar las capacidades humanas o para reemplazarlas”, señaló.

A su turno, Zukerfeld explicó que “los algoritmos y la inteligencia artificial no son entes homogéneos, porque algunos algoritmos son capitalistas, hechos con fines de lucro, y otros no lo son”. Por lo tanto, “para lograr un cambio se debe convencer a mucha gente de intervenir en esos algoritmos y aprovechar sus capacidades en una dirección progresista y transformadora, no con los algoritmos del capital, sino con otros que se deben desarrollar de distintas formas: desde el Estado, desde una esfera pública no estatal, etc.”.

“El sector de la información digital, que es el nuevo sector de la economía –además de los sectores primario, secundario y de servicios– y que prometía ser fuente de trabajo y desarrollo, se ve hoy colonizado por ChatGPT y otros actores hiperconcentrados que representan una gran amenaza”, manifestó.

En este contexto, ¿qué puede hacerse para guiar los avances tecnológicos en dirección del progreso humano en este contexto de capitalismo digital? Scasserra expresó que “una de las maneras de regular esto es a través del sindicalismo” y que “la falta de regulaciones nos dio un cachetazo con la excusa de que se permite cualquier cosa a cualquier costo con tal de que la ciencia y la técnica ‘avancen’”. Sobre este punto, ejemplificó: “En la industria farmacéutica o alimenticia, que no son santas de mi devoción, los productos tienen que pasar por pruebas de calidad y seguridad antes de salir al mercado. Pero acá viene OpenAI, te saca un producto al mercado y una semana después dice: ‘Ups, se va a aquedar un montón de gente sin laburo’”.

Seguidamente, propuso algunos puntos concretos a tener en cuenta por parte del gremialismo la hora de defender a lxs trabajadorxs: “Hay una agenda de negociaciones que nos la debemos en Argentina y en el mundo: cuál es el tiempo de adaptabilidad y qué capacitación se ofrece a trabajadores y trabajadoras; qué tecnologías se pueden incorporar y cuáles no; de qué forma se incorporan; si se van a ejercer controles; si los trabajadores tendrán privacidad”. “Estos son algunos de los temas que tienen que estar en la agenda de negociación colectiva”, aseveró.

Sobre la cuestión sindical, Zukerberg aclaró que “el tema del sindicalismo tiene su complejidad en el sector digital, porque sus trabajadores y trabajadoras no quieren saber nada con el sindicalismo tradicional, por lo cual necesitamos pensar formas de organización colectivas que excedan a las que desarrollamos durante el capitalismo industrial”. “Todos quisiéramos que las fuertes instituciones sindicales de la Argentina pudieran extenderse ahí, pero no está pasando; y la dificultad para proponer alternativas por parte de quienes queremos una transformación importante ayuda a que estas personas no se sientan representadas”, añadió.

Además, sugirió algunas medidas y exigencias concretas: “Como se hizo ya en otros países, se necesita un ministerio que se ocupe de todas estas cosas juntas, porque no puede ser que unos temas se vean en Trabajo, otros en Ciencia, otros en Educación y demás; necesitamos un ministerio, por ejemplo, para que las negociaciones con las telefónicas tengan la fuerza debida”.

“En lo más específico de la IA, un reclamo muy simple es que haya una marca que distinga cuándo algo lo produjo una IA y cuándo lo produjo un humano. Es muy útil para ver temas de propiedad intelectual o determinar a quién hay que pagarle por el uso de estos datos, generadores de un valor determinado que está siendo apropiado, como haría un pirata, por una gran empresa en algún lugar del mundo. También necesitamos transparencia en los algoritmos: saber cómo funcionan y ver qué sesgos tienen”, sostuvo.

Baum aseguró que “la mayoría de los políticos están en el limbo con este tema y la mayoría no entiende de qué se trata esto”. “Casi la única política pública que traspasó el kirchnerismo y el macrismo, y ahora volvió, es la Ley de Economía del conocimiento; lo único que ven los políticos son dólares que entran a la Argentina, cuando lo que se debe pedir a esas tecnologías es que sirvan como palanca para el desarrollo de un país”. “Es muy peligroso que los políticos no lo entiendan porque los que están del otro lado son un peligro”, advirtió.

En la misma línea, denunció que “Sam Altman, el dueño de OpenAI, escribió un artículo en el cual propone que el mundo sea manejado por una élite de tecnócratas mientras todo lo demás sería hecho por robots, IA y demás”. Según la visión de Altman, “la gente haría básicamente lo que quiere y a cambio se le daría una renta básica universal que no surgiría de impuestos a las ganancias de las tecnológicas, sino que se les daría el 2,5% del valor de bolsa de las grandes empresas que cotizan en bolsa, que son IA, por lo cual todos trabajarían para ellas”.

Son unos locos estos tipos, quieren que una pequeña élite de muy poca gente al estilo de lo que piensa [el economista Thomas] Piketty maneje el mundo, y el resto del mundo quede atrás de la muralla. Y los políticos no entienden que, de seguir así, los van a tirar a la basura a ellos también”, apuntó, y para finalizar declaró: “La forma de resistir a esto es a través de la política y de la utilización de la tecnología para el desarrollo humano, y no para tirar a la gente a la basura”.

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