|

Ailton Krenak: otra visión del mundo

Debates, Noticias, Proyecto Ballena

En la quinta jornada del Festival Democracia e Imaginación Política en América Latina, el filósofo y activista brasileño Ailton Krenak participó de un diálogo de saberes con Natalia Brizuela, investigadora, editora, profesora, y Gabriela Cabezón Cámara, escritora que, desde la ficción, también ha planteado nuevas maneras de vincularnos con el territorio. Por Antonia Kon


Aunque los pueblos originarios hayan sido históricamente masacrados, aunque hasta el día de hoy continúan siendo perseguidos y vulnerados sus derechos, sus referentes siguen proyectando al futuro su visión. Ese es el caso de Ailton Krenak, uno de los pensadores indígenas más importantes del Brasil contemporáneo.

Krenak pertenece a un estado ancestral cuya tierra fue ocupada oficialmente por el estado brasileño en 1922, y fue el primer indígena en formar parte de la Academia de Letras de Minas Gerais. Participó en los años 80 en la fundación de la Unión de Naciones Indígenas (UNI), foro intertribal que estableció la representación del movimiento indígena en su país. “Los indígenas tienen una forma de pensar y de vivir que nunca puso en riesgo a ningún animal o ser humano”, decía frente al Congreso de Brasil en aquella época, siendo portavoz del petitorio que exigía a la Asamblea Constituyente los derechos de los pueblos originarios.

El petitorio tenía cuatro principales demandas: el reconocimiento de derechos históricos, la demarcación de las tierras, la garantía de que los pueblos indígenas serían los únicos usuarios de los recursos de esos espacios, y el cumplimiento de proyectos de futuro propios de los pueblos indígenas. Esas promesas constitucionales aún no se han cumplido, ni en Brasil ni en Argentina.

Frente a una Sala Argentina llena, Cabezón Cámara se pregunta: “¿Qué importancia tiene construir otra visión del mundo?”. La razón que nos impuso Occidente, la razón del progreso no tuvo en cuenta un detalle: el planeta en el que vivimos es finito. Somos mucho más capaces de imaginar el fin del mundo que de imaginar otro, dice. Y afirma que la cosmovisión de Krenak, entonces, es necesaria para imaginar otra forma de vida, otro planeta en el que vivir.

¿Y la democracia?

Sobre la reciente historia política de Brasil, fuertemente afectada por las imposiciones imperialistas, Krenak opina que “la reconstrucción de la vida política, social, económica, del pueblo brasileño, puede llegar a llevar un largo tiempo, se vio destruida a través de un mandato político impuesto con odio, mentiras, chantaje, fake news. Y de hecho comenzó con un falso proceso, donde a un líder político lo mandaron a la cárcel. Y saben que me estoy refiriendo a Lula. Un tipo muy valiente, porque otro se hubiera muerto de tristeza”.

Para Krenak, no hay una única forma de vivir o de ver la democracia: “La democracia no la trajo el viento, recorrió un largo camino hasta implantarse en el continente americano. Y el continente americano tiene un territorio muy vasto, yo lo veo con una perspectiva amplia y personal. No puedo pensarlo en términos de América del Sur, América Central, América Latina”. Cuando habla del territorio, usa las expresiones de sus ancestros: madre tierra, pachamama. Y explica que una madre no se divide, una madre es una unidad.

“¿Habrán tenido buenas intenciones cuando vinieron a habitar América?”, se pregunta el autor con un dejo de ironía. Y continúa: “No lo sabemos, pero la forma en la que trataron de implantar su tipo de sociedad fue autoritaria y basada en la mano de obra del trabajo esclavo, y así fue hasta el siglo diecinueve. Lo que hicieron para construir su democracia en esta vasta humanidad fue recurrir a la mano de obra con cuerpos esclavos.”

Del siglo veinte hasta el presente, explica, hubo una alteración y en nuestro vocabulario se incluye el término democracia, una especie de catecismo en el continente, una convención que se da de arriba hacia abajo. La describe como una ficción sociológica regida por la idea de que el pueblo “tiene que aprender de la democracia”. Si para el griego la democracia es el gobierno del pueblo, “¿por qué hay que enseñarle lo que es la democracia?”, le pregunta Krenak a un público fascinado por el sentido del humor que acompaña su ánimo de lucha.

Define estas fronteras entre países como “una configuración que obedece al diagrama colonial”, una visión de dominación esclavista, un artificio en el que no pudimos decidir qué queríamos ser. “Nos convertirnos en países vecinos que no comparten nada, solo el aire”. Esta tragedia americana, como él la llama, fue implantada. La compara con un software que se actualiza constantemente, siempre manteniendo la matriz colonial. ¿Cómo salir de la matriz colonial? ¿Cómo despertar del coma colonial? ¿Dónde quedan los ciudadanos en este contexto abusivo? “Lo más importante es que la democracia no sea una palabra, un término, que pueda ser una expresión, y que tengamos el coraje de producir esta expresión, esta experiencia”, dice.

La vida salvaje

“Desde el punto de vista etimológico, la democracia también implica la presencia de la floresta, del bosque”. Como posible vía de escape a la matriz colonial, Krenak propone adoptar el concepto de florestanía: una propuesta política ecológica de imaginar la vida común, la vida salvaje, contraria a la idea de que el bosque debe ser arrasado para la construcción de zonas urbanas. La florestanía es una expresión reciente cuyo origen está en una zona de disputa, en la Amazonía brasileña, y surgió como propósito acérrimo de las personas que habitan la Amazonía y no quieren convertirse en un entorno urbano. “Tiene que ver con quedarse donde sabes vivir, la vivencia común de estar donde uno quiere estar”, explica.

Advierte los riesgos del éxodo rural de quienes dejan de habitar el bosque para instalarse en la periferia urbana, y se refiere a este fenómeno como una máquina de hacer pobreza, un sistema próspero que se termina convirtiendo en una infraestructura monstruosa. “Las comunidades que viven en el bosque amazónico en general viven bien, tienen caza, pesca, frutos, trabajan cuatro o cinco horas por día y después juegan, se meten al río, pueden hacer con su tiempo lo que quieran. Pero cuando esas personas son trasladadas a las periferias urbanas se convierten automáticamente en pobres, en lugares como Belén o Manaos. Salen del bosque, se van a la periferia y se convierten en clientes de la canasta básica”. Con el sentido del humor que lo caracteriza, se dirige al público: “Para poder hacer a estos pobres uno por uno se necesita concentración, un propósito. Entonces, yo me pregunto: ¿tan difícil será hacerlos ricos?”.

Si bien el concepto de florestanía surgió en los últimos cuarenta años, logró un cambio de paradigma importante en la política y la cultura de Brasil. Krenak cuenta que, junto a la lucha siempre vigente por la reforma agraria, se pudieron lograr figuras jurídicas, conceptos relacionados con el ordenamiento territorial, y una figura innovadora desde el punto de vista cartográfico que implicaba la conservación de la biodiversidad y la experiencia de la florestanía.

Una pregunta de Cabezón Camara le da cierre al encuentro: “En todo lo que relataste subyace esta concepción de occidente de separar a los seres humanos del tejido de vida de la tierra, como si fuéramos algo distinto que carne de la carne del organismo vivo que es la tierra. ¿Cómo podemos generar alianza quienes vivimos en las ciudades con quienes viven en la floresta, con esto que lleva a la Tierra entera a un final espantoso?”

“La salida no es nada fácil”, contesta Krenak. Y nuevamente piensa en el concepto de democracia que, en sus propias palabras, significa “no romperle las bolas al otro”. Tiene la convicción de que debemos estar afectados y afectadas con la vida. “Eso es lo que permite que realmente podamos cambiar, porque estar vivo no es exactamente lo mismo que luchar. Este es un momento de empoderamiento de la voz de los pueblos indígenas, y espero que sea efectivo, duradero, y pueda extenderse a los hermanos del continente, a todas las regiones donde hay familias y comunidades que persisten”.

Conseguí tu entrada

RESERVAR

Suscribite a nuestro newsletter