Soberanía: territorio y poesía

Soberanía: territorio y poesía 2 de abril - Día del Veterano y de los Caídos en la guerra de Malvinas

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Poemas de Nicolás Correa, Liliana Campazzo y Gustavo Caso Rosendi

En ocasión del Día del Veterano y de los Caídos en la guerra de Malvinas, el ciclo Poesía Ya! ofrece una selección de poemas de Nicolás Correa, Liliana Campazzo y Gustavo Caso Rosendi e invita a reflexionar acerca del cruce entre el concepto de soberanía y el quehacer poético.

Nicolás Correa
Liliana Campazzo
Gustavo Caso Rosendi

Poesía Ya! es un movimiento poético que nos incluye a todes. En este ciclo la lectura es la protagonista: afirmamos con nuestras voces y nuestras lecturas que leer un poema es tan importante como escribirlo. Leer en voz alta y en comunidad lectora es un horizonte creativo, una forma poética fuera del libro que crean los libros con sus lectores.

Presentación

¿La soberanía es un aspecto de la legalidad, una decisión, una práctica? La soberanía, ¿se construye o es algo ya dado? Es probable que en un Estado nacional que definimos como soberano existan diversas miradas referidas a la soberanía y que convivan, en ese ente abstracto, microsoberanías contenidas dentro de él, que respondan a diferencias territoriales. La soberanía es un concepto multiforme: soberanía cultural, económica, política, sexual, corporal. El término soberanía no es monolítico pero intenta generar una construcción que englobe a todas ellas. En cuanto a la poesía, ¿dónde anida el elemento soberano de una producción poética? La cuestión, quizás, a definir, es si necesitamos una poesía soberana o, al contrario, lo deseable es una producción que rasgue telas y fronteras. Tal vez, más allá de límites territoriales, la poesía sea soberana en sí misma. Dentro del territorio de un mismo Estado nación, ¿es plausible o no que exista una multiplicidad de soberanías poéticas y culturales?

Los poemas que reunimos en esta entrega recorren el territorio de estos pensamientos: una fecha, un mes, un año para marcar una cadena de símbolos que se renuevan y llegan hasta nosotres atravesando el límite invisible de la palabra poética.

Poemas

Nicolás Correa

Apolo triste

Creí hollar suelo sagrado cuando
paso a paso me vi llegado hasta esta mi isla.
Y no sufrí tanto como sufrí cuando
de mis manos se fue toda luz de mis ojos,
de mis ojos no quedó claridad ni luz solar.
Y lloré, lloré mártir mientras tu sangre,
amante esquivo y perlado de dolor,
se derramó en mí igual que días atrás tu savia pasional.
Dije pensé grité, todo a la vez, que el día
oscurecido quedó por el humo y
la única luz del mundo fue
la del fuego abrazador.
Clavado como clavados quedan
los condenados
atado como atados quedan
los prisioneros
frío como frío quedan
los cadáveres.
 
Ahora que piedra sobre piedra, piedras sin pulir,
emerge aquella sombría primera imagen,
con la piel de mis manos levanto tu casa
para que descansemos en altar tierno.
Siempre piedras sin pulir, una sobre otra
dispongo esta tu cripta de la que no resucitarás días después,
porque somos pecadores en esta tierra hostil
vinimos a educar primerizos de ejemplos.
 
Días después en que la penumbra abrazará al sol y
ya no más mi apolo triste y enfermizo,
ya no más mi varón si la piel de mis manos cae
encima de este cincel que no suelto
tratando de esculpir un lugar seguro.
Esculpir con la pretensión diamantina
del que llora a mares y
vive en oscuro martirio los días por venir.
Entonces el cincel se vuelve un puñal de salitre y
flaquea mi pecho donde gentil amor ya no prende.
 
Piedra sin pulir, con mis dedos te sostengo y
te suelto sobre otra piedra sin pulir.
 
Miro la piel caída y me digo
este cuerpo es mi tierra olímpica
ya no la isla ayer hollada y
sagrada.
 
 
Nicolás Correa nació en Morón en 1983. Entre sus últimos libros se encuentran el volumen de cuentos Rosas Gamarra (2015), las novelas Íncubo. La Trinidad de la Antigua Serpiente (2015) y Heroína. La guerra gaucha (2018), y los poemarios Virgencita de los muertos (2012, reediciones en 2014 y 2018), El camino de la siesta (2015) y canción de invierno recitada por el hombre del volcán (2016). Participó en diversas antologías nacionales e internacionales. Es editor, dicta clases y da charlas de literatura.

 

Liliana Campazzo

A veces a relámpagos

Veo en el espejo a aquella
que tuvo manos antes que semillas
un hacer inquieto la atormenta
desde chica.
La recuerdo hoy saltando en la cocina
donde llena una lechera,
(objeto ya en desuso)
para preparar el desayuno a su prole
(son muchos los hijos)
pasa su mano sobre el vientre
espera que no sea varón el próximo
con esta guerra que se ve en la bandera
al viento allí en la plaza.
La noche anterior la despertaron
los ruidos de los tanques
cruzando la calle
igual que los cardos rusos
(esas plantas bravas que habitan
la misma dimensión
que ella y su familia).
La que era ahora se ha dormido
aparece esta cara de hoy
en el espejo
en su memoria
escucha la voz
de los hijos chicos,
gritan y pelean
por una figurita del mundial.
La música de fondo debería ser
una canción infantil
pero no
resuena en el fondo de su oído
la letra infame
que un oportunista convirtió
en la banda de sonido del final
de una película de terror.
Ahora un amigo le envía
unas palabras por una pantallita
le pregunta por el estado climático
del pecho
y su relación con algo
parecido al territorio
a la soberanía
el propio cuerpo
su lugar en el mundo
entonces ella
nada en una nebulosa.
A la otra la que ya no habita
en ella
lo único que se le viene a la cabeza
es la mesa de la cocina
los chicos la leche el pan
y el sonido de una sirena en la noche
el sujetarse a las cositas de la casa
para poder dar fe
de su presencia
allí en ese mapa del sur
que alguien pintó de amarillo.
 
 
Liliana Campazzo nació en Buenos Aires en 1959. Docente, tallerista y bibliotecaria, editó los libros Quieta para la foto (Simurg, 2002), Escritos en el vidrio (Llanto de Mudo, Córdoba, 2006), Yuyo seco (Limón, Neuquén, 2004), A boca de pájaro (Vela al viento, Comodoro Rivadavia, 2011), Los poemas del aire (Vela al Viento, 2015) y Fuera de juego (Espacio Hudson, Buenos Aires, 2018).

 

Gustavo Caso Rosendi

Poema

(...) Si no la infancia, ¿qué había entonces allí que no hay ahora? (…)
Saint-John Perse

No estuve cuando le cortaron la pierna al soldado
Rodríguez. Sin embargo, cada noche veo su cara.
El sudor de la piel, esa palidez de pescado pudriéndose
a la luna. Sus ojos como arañas tejiéndole babas del diablo
al ronquido del serrucho.
Los escarpines de Rodríguez hundiéndose en la turba.
El payaso que Rodríguez sujetaba cuando aprendió a caminar. Las Flecha de Rodríguez. La bicicleta.
La pelota, su equipo, su campito. El grito de gol.
Y el alarido.
Todo lo que entregó Rodríguez por estar
en el momento más soberanamente inadecuado.
Pienso en esa pierna que corrió junto a la otra
hasta el mismísimo estallido. Tanto, que se le fue
de sí mismo. Se le escapó. Así como se le piantaba
el perro por el agujero del alambrado.
No, no estuve ese día; ni ninguno. Es más, no sé
qué ha sido de Rodríguez, ni de mí. Quizá no hayamos existido, más allá de estas cosas que enumero.
Porque es posible que la historia sea más triste, todavía.
Lo que sí sé es que siempre estaré todas las noches
de esa noche. Con él, al lado suyo.
Tengo un pañuelo que estrujo dentro del casco
y se lo pongo en la frente.
 

Gustavo Caso Rosendi nació en Esquel (Chubut en 1962), y reside en la ciudad de La Plata. Participó como soldado en la guerra de Malvinas. Publicó los siguientes libros de poesía: Elegía común (La Plata, edición artesanal, 1987); Bufón fúnebre (Último Reino, Buenos Aires, 1995); Soldados (Ministerio de Educación de la Nación, 2009, y Último Recurso, Rosario, 2016); Lucía sin luz (El Mono Armado, Buenos Aires, 2016) y Todos podemos ser Raymond Carver (Pixel Editora, La Plata, 2017).

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