La birome. Colección Hans Georg Schriever-Abeln

La birome. Colección Hans Georg Schriever-Abeln Hasta el 24 de noviembre - Miércoles a domingos y feriados, 13 a 20h - Primer piso. Sala panorámica

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Una muestra sobre Ladislao Biró y su más célebre invento

Fundación Biro y el CCK presentan La birome - Colección Hans Georg Schriever-Abeln, una muestra que recorre la historia del inventor Ladislao José Biró, las aventuras en torno a la construcción de su famosa creación –la birome– y un extraordinario despliegue de diseños en cientos de variantes reunidas por el coleccionista alemán Hans Georg Schriever-Abeln.

Si bien el funcionamiento de la birome es el mismo que Biró desarrolló en la década del treinta, la evolución de su diseño estético ha tenido variantes asombrosas que dan cuenta de su alcance y vigencia. La exhibición reúne un conjunto impactante de bolígrafos: ejemplares sustentables, con temáticas infantiles, dedicados a profesiones específicas, minúsculos, con tópicos amorosos y regionales.
 
La muestra, de carácter artístico, lúdico y pedagógico, coincide con el día del inventor en la Argentina, que se celebra el 29 de septiembre en honor al nacimiento de Biró.

La exhibición es gratuita y está abierta al público del 2 de octubre al 24 de noviembre de 2019, de miércoles a domingos y feriados, de 13 a 20.

Acerca de Ladislao José Biró

Ladislao José Biró (Budapest,1899 - Buenos Aires,1985), fue un inventor, periodista y miembro de la Real Academia de Ciencias Naturales.

Su primer invento comercialmente exitoso fue una máquina automática de lavar ropa que funcionaba con la energía producida por una cocina de uso casero. En paralelo, inventó el cambio automático para automóviles y lo vendió a la compañía General Motors en Berlín (Alemania), quienes lo compraron no para fabricarlo sino para evitar la competencia.
 
Su invención del bolígrafo surgió en Hungría a fines de los años treinta, pero fue en Argentina, ya en los años cuarenta, donde realmente desarrolló su invento como un producto técnicamente funcional, legalmente patentable, industrialmente viable y comercialmente exitoso. El bolígrafo, como buen invento, fue la solución a un problema. Antes de 1944 se escribía con lápiz o con lapicera o pluma a tinta que traía inconvenientes porque producía manchas en el papel o porque la tinta se secaba en el tanque. Biró ideó un mecanismo en el que una minúscula bolilla gira sirviendo de punta a la lapicera y alimentándose de una tinta que se seca inmediatamente. Invitado por un grupo de inversores que se interesó en su invento y en la posibilidad de fabricarlo en nuestro país, Biró llegó a la Argentina en 1940, donde no solo desarrolló el bolígrafo sino la maquinaria para poder hacerlo. Entre las mejoras de su propio invento figura la invención y patentamiento del sistema retráctil. En 1944 vendió la patente a Eversharp-Faber para su fabricación en Estados Unidos, logrando así que la Birome trascienda fronteras. Su invento fue límite: no hubo mejoras sustanciales en su desarrollo formal y funcional.
 
Biró, además, patentó un proceso continuo para la producción de resinas fenólicas, un sistema para incrementar la resistencia mecánica de barras en cemento, una cerradura inviolable, un termógrafo clínico y, hasta su muerte, en 1985, trabajó con la Comisión Nacional de Energía Atómica en la separación de gases para agua pesada.

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