Delia Cancela - Entre, repose… es sólo por el placer

Delia Cancela - Entre, repose… es sólo por el placer Terraza de la Sala Sinfónica

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Reposeras arropadas por el arte de Delia Cancela

La artista argentina, figura emblemática del pop de los sesenta, especializada en combinar moda y artes plásticas, invitó al público del CCK a sentarse y tomarse unos minutos para reposar. 
 
Entre junio de 2016 y febrero de 2017 Delia Cancela intervino mobiliario específico para enriquecer la experiencia de los visitantes y ofrecer un espacio de esparcimiento en el recorrido del antiguo Palacio de Correos.

“Me cuesta bastante entregarme a hacer las cosas como se debe”, afirma Delia Cancela. Su obra no convencional, femenina e irreverente está poblada de flores, animales, mujeres, pelos, bocas y corazones rojos. Hay vestidos y sombreros geniales. Dibujos, videos de desfiles y páginas de moda. Estas reposeras, asientos ideales para hacer fiaca, evocan -cuenta la artista-  las playas de Mar del Plata que solía visitar de chica. O un parque de Londres, donde iba a tirar migas a patos, ardillas y cisnes. O el jardín inglés y silvestre del fondo de su casa, donde se sentaba a coser o a bordar. O las tardes que pasa frente a la fuente del jardín del Palais-Royal de París, segundo hogar.

Acerca de la obra

Por María Paula Zacharías

“Sobre el lomo de una ballena que deja chica a Moby Dick y debajo de una lámpara tan grande que ni Aladino podría haberla soñado, estas cien reposeras invitan a un descanso provisto de fantasía. Están arropadas por el arte de Delia Cancela, una artista que navega aguas mixtas: desde el mítico Di Tella, llegó a las tapas de Vogue con su compañero Pablo Mesejean, haciendo arte con el lenguaje de la moda en Londres, París, Nueva York... Sus prendas de entonces integran colecciones de museos del mundo. Nunca tuvieron prejuicios sobre el destino de sus creaciones.

Los gatos que se esconden entre el follaje del estampado de las sillas bien podrían ser Nutela y Pampa, esos dos falderos y remolones que comparten los días con ella en su casa plagada de cuadros en proceso, revistas y gruesos libros de arte y moda que la incluyen en sus páginas, una mesa de corte o de dibujo, bastante tecnología, flores, lápices, tintas, tacitas de porcelana con tés de distintas latitudes y signos de una vida llena de magia, arte, amor, creatividad, libertad y buen humor.

'Me cuesta bastante entregarme a hacer las cosas como se debe’, dice la artista, reticente. El recorrido de Delia Cancela es utópico, igualitario, no convencional, femenino, irreverente... En su obra hay flores, animales, mujeres, pelos, bocas y corazones rojos. Hay vestidos y sombreros geniales, dibujos, videos de desfiles, páginas de moda, objetos, y están también estas reposeras. La idea de este asiento para la fiaca la transporta a las playas de Mar del Plata que visitaba cuando era chica. En Londres, al parque donde iba a tirar migas a patos, ardillas y cisnes, y al jardín inglés y silvestre del fondo de su casa donde se sentaba a coser o bordar. También, a las tardes que pasa frente a la fuente del jardín del Palais-Royal de París, segundo hogar. ‘Es totalmente mágico ese lugar’, cuenta.

Su trabajo conlleva la efervescencia de hitos de la historia del arte argentino como fueron la muestra Experiencias 68 y el desfile Ropa con Riesgo en el Instituto Di Tella. Un capítulo que es revalorizado en el mundo hoy, con muestras como The World Goes Pop, que se vio en la Tate de Londres e International Pop, que pasó por importantes museos de Mineápolis, Dallas y Filadelfia. Cancela es reconocida con homenajes y premios a su trayectoria aquí y allá.

El patrón del género nació en los años 80, en París, cuando Delia los dibujó en el plano con un destino textil. Los gatos negros fueron los bon à tirer, pruebas válidas para imprimir, que pasaron a la tela en una prestigiosa empresa textil de Lyon. Se volvieron cuadro cuando integraron una muestra retrospectiva en el Centro Metropolitano de Diseño en 2013, y otra con sus diseños para tela, Cómo traer una imagen al mundo, en la galería Henrique Faría en 2015. Hoy otra vez son tela, o un remanso onírico para los visitantes del CCK, para la lectura, el encuentro o la siesta. ‘Me gusta que sean algo acogedor’, dice Cancela.

Con su talento y su bagage da cuerpo a estas piezas de arte para ser usadas y formula una instrucción: entre, repose… es sólo por el placer. Todo invita a sentarse y a conectarse un poco con la electricidad que corría por las venas de Delia y Pablo en 1966, cuando escribieron su Manifiesto, ese que tanto nos gusta leer: ‘Nosotros amamos los días de sol, las plantas, los Rolling Stones, las medias blancas, rosas y plateadas, a Sonny and Cher, a Rita Tushingham y a Bob Dylan. Las pieles, Saint Laurent y el young savage look, las canciones de moda, el campo, el celeste y el rosa, las camisas con flores, las camisas con rayas, que nos saquen fotos, los pelos, Alicia en el País de las Maravillas, los cuerpos tostados, las gorras de color, las caras blancas y los finales felices, el mar, bailar, las revistas, el cine, la cebellina. Ringo y Antoine, las nubes, el negro, las ropas brillantes, las baby-girls, las girl-girls, las boy-girls, los girl-boys y los boys-boy’. En cada una de estas sillas alguien debería pronunciar estas palabras, al menos una vez.”

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