Borges y Pedro Damián: ¿Dios puede modificar el pasado?

Borges y Pedro Damián: ¿Dios puede modificar el pasado? Ficciones de la filosofía - Jueves 28 de septiembre, 19h - Auditorio 511

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Diálogo con Silvia Magnavacca

En el ciclo que se aproxima a la filosofía desde sus metáforas, un diálogo con la medievalista Silvia Magnavacca acerca de un tema medieval planteado por Pedro Damián y que retomaron, entre otros, Borges en la literatura y Robert Zemeckis en el cine. ¿Puede Dios (o alguien) hacer que lo pasado no haya ocurrido?

La actividad es gratuita y requiere reserva previa, que puede realizarse a partir del martes 26 de septiembre a las 12 a través de esta página y hasta agotar la capacidad de la sala.

Volver al futuro, de Robert Zemeckis (1985)
Volver al futuro, de Robert Zemeckis (1985)

En el siglo XI, el cardenal y teólogo Pedro Damián protagonizó una fascinante disputa que atravesó la Edad Media y que, relegada en la filosofía Moderna, impactó con toda su fuerza en las grandes ficciones del siglo XX. En una de sus últimas temporadas en el monasterio de Montecassino, el benedictino había escuchado que algunos jóvenes citaban a San Jerónimo cuando escribe en una de sus cartas que “por más que Dios todo lo pueda, no puede hacer resurgir a una virgen después de la caída”. San Jerónimo agregaba que Dios “puede obviamente liberarla del pecado, pero no puede devolverle la corona de la virginidad perdida".

En las discusiones en las que se entretenían los monjes, Pedro Damián vio una afrenta a la omnipotencia divina y, apelando a las que llamó “invencibles razones de la fe”, replicó que Dios no solo puede rescatar “en el mérito” a una que perdió la virginidad sino también “en la carne”. ¿Cómo puede ser posible –se pregunta– que quien “dio vida a una criatura que no existía no pueda reparar una que ya existía pero que se estropeó”? El tema de la potentia dei fue retomado con diferentes matices por Tomás de Aquino, Buenaventura y Duns Scoto, pero la fabulosa idea que está a la base de la disputa –¿Puede Dios hacer que Roma nunca haya sido fundada?, en otra de sus formulaciones– encontró una feliz supervivencia en los relatos de la ciencia ficción.

Jorge Luis Borges se apasionó por las paradojas filosóficas involucradas en De divina omnipotentia, el opúsculo que escribió a propósito Pedro Damián, e incluyó al filósofo y a sus especulaciones en el cuento “La otra muerte”, de El Aleph (1949). La medievalista Silvia Magnavacca, estudiosa del impacto de los pensadores medievales en la obra de Borges, reconstruye el camino que va de la indagación monástica a la fantástica trama borgeana. En diálogo con ella, se buscará también la huella de Pedro Damián en películas como Sliding Doors (1998) de Peter Howitt, Dejà vu (2006) de Tony Scott y, por supuesto, Volver al futuro (1985) de Robert Zemeckis.

Acerca de Silvia Magnavacca

Silvia Magnavacca es doctora en Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires, donde se desempeñó como profesora titular de Historia de la Filosofía Medieval, contagiando a generaciones su pasión por los autores de este vasto y precioso periodo. Actualmente es profesora consulta de la UBA. Asimismo, es investigadora principal del CONICET, donde ha dirigido proyectos sobre su especialidad.

Profesora invitada en diversas universidades (Università degli Studi di Milano, Università di Pavia, Universitat de Barcelona, Universitat R. Llull, Università degli Studi di Torino, Università del Salento), también dictó seminarios de doctorado en México, Brasil y Chile.

Autora de más de un centenar de artículos, entre sus principales libros figuran el Léxico Técnico de Filosofía Medieval (2005), extensa obra de consulta que va por su segunda edición, y Filósofos medievales en la obra de Borges (2009). Es autora de una traducción anotada de las Confesiones de San Agustín (2005). En 2014, la UBA publicó Studium Philosophiae, un conjunto de ensayos en su homenaje.

Los textos

Fragmentos de Pedro Damián, De divina omnipotentia, caps. I, IV y V

“Un día, mientras los dos estábamos sentados en el comedor surgió en la charla ese pasaje de San Jerónimo: ‘Osadamente hablo: por más que Dios todo lo pueda, no puede hacer resurgir a una virgen después de la caída; Él puede obviamente liberarla del pecado, pero no puede devolverle la corona de la virginidad perdida’. Yo, tímidamente, sin atreverme a poner en duda a la ligera a semejante hombre, te dije francamente lo que yo pensaba, como a un padre que tiene mis mismos sentimientos. Confieso –te dije– que esta opinión nunca me gustó. Yo no me fijo en quién dice una cosa sino qué es lo que se dice. Ahora me parece muy inapropiado atribuir con ligereza una impotencia a quien todo lo puede, a menos que eso se afirme por la misteriosa revelación de algún intelecto más elevado. Tú me respondiste que te parecía seguro y suficientemente comprobado que Dios no puede recuperar a una virgen después de la caída. Y después de extenderte en largas y farragosas argumentaciones, finalmente llegaste a esta conclusión de tu argumento, asegurando que si Dios no puede hacer esto no es por otra razón que porque no quiere. A esto yo respondí: si Dios no puede hacer ninguna de las cosas que no quiere, y no hace sino lo que quiere, entonces no puede de ningún modo hacer ninguna de las cosas que no hace. Se sigue de allí entonces que se puede libremente afirmar que hoy Dios no manda la lluvia porque no puede; no levanta a los que están marchitándose porque no puede; y por la misma razón no castiga a los injustos ni libera a los santos de sus opresiones. (…) Esto resulta tan absurdo y ridículo que no sólo no se comparece con la omnipotencia divina sino que ni siquiera se corresponde con la naturaleza humana, por frágil que sea, dado que hay muchas cosas que no hacemos y que sin embargo podríamos hacerlas.”

 “Quien ha hecho nacer el cuerpo humano del tenue humor del semen y por la diversa configuración de los miembros le imprimió la belleza que es propia de la forma humana; en síntesis, quien dio vida a una criatura que no existía, ¿cómo no podrá reparar una que ya existe pero que se echó a perder? Por mi parte confieso abiertamente y afirmo, sin temer el rumor de alguna quisquillosa disputa, que Dios omnipotente tiene poder de volver a darle la virginidad a cualquier mujer que sea por más maridos que haya tenido, y de restaurar en ella el sello de la integridad, como si fuese recién salida del vientre materno.” 
 
“Por último me veo obligado a responder a lo que en esta controversia muchos objetan. Ellos dicen: Si Dios, como afirmas, es omnipotente en todo sentido, ¿podría acaso hacer que las cosas que ocurrieron no hayan ocurrido? Él puede, ciertamente, destruir todas las cosas que se han hecho, de modo que ya no existan más, pero no se llega a ver cómo podría hacer que las cosas que ocurrieron no hayan ocurrido. Es decir: él puede hacer que ahora y en el futuro Roma no exista más, ya que puede ser destruida; pero de ningún modo se llega a entender cómo puede darse que no haya sido fundada en el pasado. Responderé según inspiración de Dios. Ante todo, me urge repetir al que esto me objeta las palabras de Salomón: ‘No indagarás cosas que te exceden, no escrutarás las que son más altas que tú’ ”.


Fragmentos de Jorge Luis Borges, “La otra muerte”, El Aleph, Emecé (2005) I, pp. 611-616

“… anunciando el envío de una versión, acaso la primera española, del poema ‘The Past’, de Ralph Waldo Emerson, y agregando en una postdata que don Pedro Damián, de quien yo guardaría alguna memoria, había muerto noches pasadas, de una congestión pulmonar. El hombre, arrasado por la fiebre, había revivido en su delirio la sangrienta jornada de Masoller”.

 “Yo hubiera preferido que los hechos no ocurrieran así. Con el viejo Damián, entrevisto una tarde, hace muchos años, yo había fabricado, sin proponérmelo, una suerte de ídolo; la versión de Tabares lo destrozaba. Súbitamente comprendí la reserva y la obstinada soledad de Damián; no las había dictado la modestia sino el bochorno”.

“Pedro Damián se portó como un cobarde en el campo de Masoller, y dedicó la vida a corregir esa bochornosa flaqueza”.

“… fue preparando, sin duda sin saberlo, el milagro. Pensó con lo más hondo: Si el destino me trae otra batalla, yo sabré merecerla. Durante cuarenta años la aguardó con oscura esperanza, y el destino al fin se la trajo, en la hora de su muerte. La trajo en forma de delirio pero ya los griegos sabían que somos las sombras de un sueño. En la agonía revivió su batalla, y se condujo como un hombre y encabezó la carga final y una bala lo acertó en pleno pecho. Así, en 1946, por obra de una larga pasión, Pedro Damián murió en la derrota de Masoller, que ocurrió entre el invierno y la primavera de 1904”.

“En el quinto capítulo de aquel tratado, Pier Damiani sostiene, contra Aristóteles y contra Fredegario de Tours, que Dios puede efectuar que no haya sido lo que alguna vez fue. Leí esas viejas discusiones teológicas y empecé a comprender la trágica historia de Pedro Damián”.  

“En la Suma Teológica se niega que Dios pueda hacer que lo pasado no haya sido (S.Th. II-II, q.49, a. 6), pero nada se dice de la intrincada concatenación de causas y efectos, que es tan vasta y tan íntima que acaso no cabría anular un solo hecho remoto, por insignificante que fuera, sin invalidar el presente. Modificar el pasado no es modificar un solo hecho; es anular sus consecuencias, que tienden a ser infinitas. Dicho sea con otras palabras; es crear dos historias universales. En la primera (digamos), Pedro Damián murió en Entre Ríos en 1946; en la segunda, en Masoller, en 1904. Ésta es la que vivimos ahora, pero la supresión de aquélla no fue inmediata y produjo las incoherencias que he referido”.

“… he adivinado y registrado un proceso no accesible a los hombres, una suerte de escándalo de la razón; pero algunas circunstancias mitigan ese privilegio temible [...] Sospecho que Pedro Damián (si existió) no se llamó Pedro Damián, y que yo lo recuerdo bajo ese nombre para creer algún día que su historia me fue sugerida por los argumentos de Pier Damiani”.

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